Castlemanía
Cómo me molan los Castlevania. Es que es ponerme a jugar a cualquiera y me empieza a subir una cosa así parriba que me pongo tonto. Yo me pongo a pensar en Konami, y su santísima trinidad creo que sería la saga Contra, los Metal Gear (aunque sean en realidad de una empresa subsidiaria) y las aventuras de la familia Belmont, que el bueno de Simon ha creado una estirpe que ni Gengis Kan, que se dice que de cada 200 hombres uno es descendiente directo suyo, así iba el tío siempre a caballo, que no podría ni andar.

Llamada la saga original Akumajoo Dracula en tierras niponas, y habiendo tenido versiones en casi todas las plataformas más conocidas, los Castlevania no llegan al punto de formar parte de la cultura popular como los Marios o Sonics, pero no hay jugón que no se sepa el funcionamiento básico de éstos títulos, sobre todo de los más modernos, que una vez instaurado el emporio “Symphony of the Night” y el nuevo concepto de plataformas/metetortas/pseudo-rpg la cosa es una gozada. Es por eso que como tengo calentito el asunto al haberme terminado hace poco un par de títulos más de la saga puedo considerarme oficialmente fan acérrimo de éstos juegos, y os quiero contar por qué.








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