El Commodore de los Vengadores

Me molan los comics de superhéroes. Llevo desde que tengo uso de razón siendo gran consumidor de estos, y acudo religiosamente a mi librería habitual para saciar mis ansias de ver tíos musculosos en mayas pegándose tortas, hobby tan respetable como coleccionar pines o zurrir mierdas con un látigo. Pues el caso es que estaba leyendo el número de este mes de Los Poderosos Vengadores cuando me he topado con esto:

Para poner en situación a los ajenos al universo Marvel resulta que un robot asesino llamado Ultrón quiere cargarse a todo el mundo, y es muy malo muy malo y muy fuerte muy fuerte, así que la única forma de cargárselo es metiéndole un virus en un código que no sea capaz de detectar. Por eso, el doctor Henry Pym decide crear un programa para colarse dentro de él, así que coge y empieza a buscar sus revistas Input y Microhobby para recordar algo de Fortran, y se busca el Commodore que tenía Tony Stark en el altillo para cumplir sus propósitos.

Como dirían tus colegas de la “facu”, esto es tó friki, tio. Seguro que los lanzamisiles de Ironman van por Javascript y las directivas de Ultron corren bajo un sofware en Ubuntu. Pos claro, te lanzan un código malicioso desde un ordenador de 8 bits y te pillan en bragas. Si es que lo digo y no me hacéis caso, no hay que menospreciar a estas añejas máquinas, pues en su momento fueron los reyes del mambo.

PD: Valiente petarda la Viuda Negra, que no sabe ni lo que es un Commodore. Seguro que ha estudiado empresariales y su novio trabaja de portero de discoteca. Si es que la vida está llena de clichés.

Commodore connection

Aunque oficialmente mi primer cacharro con teclas fue mi ZX Spectrum+, mis verdaderos comienzos en la ludopatía videojueguil fueron en el Commodore64 que mi tío Alberto poseía. Todos tenemos un tío enrollado más joven que tu padre que te regala y enseña cosas molonas que jamás permitiría tu padre, ya sean tebeos del Víbora, módulos para las primeras ediciones de D&D o Playboys de cuando a Traci Lords le vino su primera regla. En mi caso era quien me copiaba películas bélicas, me regaló un Ibertren y me hizo pasar horas delante de ésta máquina. Muchos años despues acabaría en mis garras vintage, aunque no le dí tanto uso como en su época (los emuladores han hecho estragos).

Aun así, el glamour de jugar con la maquina de cuerpo presente está a años luz de un emulador, y en éste caso, con esa pinta a panel de control de Hal9000 que tienen tanto el teclado como el casette uno no puede resistirse a ponerse a cargar cintas. Dicho ritual no estaba a la altura de la epiléptica carga del Spectrum, pero su intrínseco significado de la calma antes de la tormenta estaba vigente tambien ahí. Es por eso que del pequeño catálogo del que dispongo me dispongo a comentar los 5 juegos que más me engancharon en su momento y que quedaron grabados en mi retina casi tanto como las domingas de Sabrina en aquella Nochevieja o el codazo de Tassotti a Luis Enrique. Sigue leyendo