De escépticos está el mundo lleno
Anoche estuvimos en casa de mi amigo el de la coleta viendo una película de animación japonesa que no viene al caso. Su chalet es un poco el camarote de los hermanos Marx, ya que hay un constante devenir de visitas inesperadas de gente que invita a otra gente sin siquiera mencionarlo. Mientras veíamos el film, hizo acto de presencia el novio de una chica que por allí andaba, sorprendiéndose por el hecho de que estuviéramos allí repanchingados en el salón prestándole atención a “dibujos animados”. Tras unos segundos en la sala en la que ambos soltaron alguna risita cómplice, se despidieron con un burlón “konnichi wa”. Del triste chascarrillo hice caso omiso, ya que ni eso es adiós en japonés ni mierda, pero cada vez que veo estos retazos de escepticismo y burla ante hobbies o intereses de corte minoritario, siento que me tocan las pelotas hasta lo más profundo de su ovalada silueta.









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