Análisis Spore

El PC siempre ha sido la plataforma perfecta para la experimentación. De él han salido incontables propuestas pioneras en cuanto a concepto: Desde la creación de los FPS hasta el nacimiento de los MMORPGs, pasando por otras tantas fórmulas entre las que se encuentran las obras de Maxis. En ellas pudimos gestionar y crear a nuestro antojo ciudades enteras con la saga SimCity, o controlar el destino de las vidas de avatares virtuales que simulaban tener una vida real en Los Sims. Ahora, el maestro de la innovación, Will Wright, nos trae su nuevo producto que pretende revolucionar de nuevo la industria del videojuego con una nueva propuesta jugable nunca vista: La de ser partícipes en la creación, evolución y desarrollo de una especie, desde su formación a nivel molecular hasta la mismísima conquista del espacio. ¿Es Spore todo lo que se nos ha prometido a lo largo de todos estos meses de desarrollo y promoción? Pues vamos a verlo.

Horizontes finitos:

Todos los juegos de Maxis antes mencionados basaban su potencial en la capacidad de estos para ser personalizados y maleados por parte del jugador, de forma que más que un desafío por ser el primero o el mejor en un enfrentamiento directo con otros competidores, el atractivo residía en tener a disposición un enorme banco de pruebas para averiguar cómo podíamos crear una ciudad autosuficiente y cosmopolita en Sim City o cómo sacar adelante a una familia entera y tener tiempo para el ocio en Los Sims. No son los únicos exponentes de esta tendencia, pues el resto de títulos del sello “Sim” así como muchas de las obras “Tycoon”, de Microprose, y otros tantos títulos exclusivos para compatibles hacían uso de este “jugar por jugar”. Con Spore se intenta llegar más allá creando una especie de “todo en uno” que engloba gran parte de la filosofía de todos estos juegos, donde podremos gestionar todos estos menesteres y mucho más en el largo y complicado proceso de desarrollo de un ser vivo. O al menos eso es lo que se pretende.

Para llevar a cabo esta inconmensurable tarea y trasladarla a una agradable experiencia jugable se ha optado por dividir ese proceso en diferentes fases bien diferenciadas, en las que el sistema de juego cambia radicalmente. Esta solución, aunque mantenga un desarrollo continuista en cuanto a la evolución de nuestra criatura y dote al título de una gran variedad de contenidos, provoca que uno de sus puntos fuertes sea también su mayor lacra. Al estar compuesto Spore de diferentes fases que varían entre la estrategia en tiempo real, simples mini juegos arcade o sistemas de simulación social, no se logra ahondar en ningún género en concreto, siendo tan solo un espejismo ese nivel de profundidad que se nos promete o que al menos se nos da a entender cuando comenzamos a tratar con la nueva obra de Wright.

De todas formas, el hecho de que las posibilidades del juego se hayan simplificado (en cuanto a profundidad, no en posibilidades) es totalmente intencionado de cara a que sea un título asequible para cualquier jugador. Esta afirmación hace que de nuevo entremos en las trilladas definiciones acerca de los tipos de jugador. Está fuera de toda duda que Los Sims ha supuesto tal éxito mediático gracias su acercamiento hacia los jugadores casuales, por lo que un jugón experimentado le sacaría todo su jugo al simulador social de moda al poco tiempo de jugar. Con Spore pasa algo parecido aunque no de una forma tan evidente. Sin duda, sus posibilidades en cuanto a la edición de nuestra criatura, en un novedoso y versátil editor de personajes, son realmente grandes, y resulta más que gratificante ver cómo vamos evolucionando y acabamos conquistando el mismísimo centro del universo, que simboliza el fin del juego aunque podamos seguir jugando. Pero no hay mucho más, todas esas funcionalidades y parafernalia evolutiva carece de la variedad necesaria y el planteamiento de desafío alguno para que un jugador hardcore pase horas y horas inmerso en la conquista del espacio.

Lo que está fuera de toda duda es la calidad y el mimo que la gente de Maxis ha impreso en el juego. Tanto la calidad gráfica como el sistema de menús y el control general son una delicia, con ese marcado y desenfadado sello de identidad de la casa, así como una ambientación musical más que propia y una jugabilidad envidiable que sólo los creadores de Los Sims son capaces de ofrecer, por lo que nadie en su sano juicio se atrevería a negar que estamos ante una verdadera obra de arte. Para analizar mejor las bondades del título nada mejor que desglosarlo en las diferentes partes de las que se compone el proceso evolutivo de nuestras criaturas.

La fase molecular:

La vida en el universo Spore comienza con una lluvia de meteoritos sobre uno de los planetas que hayamos elegido de entre los presentados en una especie de mapa de la galaxia, al más puro estilo del pueblo de Los Sims o la vista lejana del continente de Sim City, es decir, un sistema mimetizado con la estructura del juego que hace las veces de gestor de slots para jugar diferentes partidas no solapadas de forma simultanea.

Al principio seremos poco más que un ser similar a una ameba cuya única misión es comer para hacerse más grande. Según hayamos seleccionado ser herbívoros o carnívoros tendremos que comer pequeñas partículas de plancton esparcidas por el océano o restos orgánicos de otras criaturas, a las que podremos incluso dar caza. Las capacidades de personalización de nuestro pequeño bichito son escasas, pero irán aumentando a medida que vayamos encontrando ciertos ítems que aparecerán al morir algunas criaturas. Este sistema de obtención de ítems será el pan de cada día durante las primeras fases del juego, por lo que la forma de tener un mayor abanico de posibilidades en el editor de personajes será recolectándolos, lo que nos permitirá añadir órganos, miembros y adornos de diversa utilidad a nuestra progenie.

Dichos añadidos podremos insertárselos a los descendientes de la criatura que manejemos, de forma que utilizando el comando apropiado podremos llamar a otro miembro de nuestra especie para aparearnos y hacer que nuestros “hijos” adquieran las habilidades que hemos ido recolectando. En esta fase inicial ya podremos ir encauzando nuestros planes genéticos hacia donde nos apetezca, pues no será lo mismo pegarle espolones y aletas a nuestro anfibio para que se mueva con soltura, que ponerle un par de cuernos en la frente para defenderse de otros seres.

El control de toda esta fase es un simple mini juego en el que decidimos los movimientos con el ratón y le indicamos con éste la dirección que debe tomar o los objetos con los que interactuar nuestro renacuajo. Realmente esta parte no es más que una pequeña introducción para ir entrando en materia y prepararnos para lo que se nos avecina, de forma que la complejidad del juego va aumentando a medida que evolucionamos y vamos superando las diferentes fases progresivamente.

A medida que nos alimentemos, iremos aumentando de tamaño, de forma que una vez que hayamos crecido lo suficiente se nos avisará que estamos dispuestos para salir del agua y acceder a la siguiente fase evolutiva en tierra firme.

La fase prehistórica:

Por fin nuestra raza está preparada para llegar a tierra firme y explorar el planeta en el que hayamos comenzado nuestro periplo. Ahora podremos controlar a uno de nuestros pequeños como si de un hack&slash se tratase. En escasos momentos nos daremos cuenta de que no somos la única raza que está evolucionando, pues muchas otras especies también conviven en tierra firme. El objetivo de esta fase consiste en interactuar con esas otras especies para que nuestro cerebro vaya desarrollándose. Tendremos que buscar alimentos cada cierto tiempo para subsistir, y según nos convenga, podremos entablar amistad con otras criaturas con un sencillo mini juego o atacarlas y conquistar aldeas utilizando unas simples habilidades de combate. Todas estas aptitudes variarán acorde con lo que hagamos en el editor de criaturas, pues cada añadido otorgará diferentes aptitudes a nuestra especie, ya sean de combate, sociales o físicas. Dichas partes del cuerpo las iremos encontrando en forma de ítems al igual que la fase anterior explorando el territorio.

Cuando hayamos interactuado lo suficiente, nuestro cerebro estará listo para pasar a la fase tribal, donde por fin van a comenzar a verse las posibilidades del título. Dicho paso estará marcado por uno de los acontecimientos más importantes de la historia de la humanidad, el descubrimiento del fuego.

La fase tribal:

Ahora nuestra raza es lo suficientemente inteligente como para levantar un campamento, crear herramientas y mantener relaciones diplomáticas con otras criaturas. El sistema de juego se transforma verdaderamente en un RTS, aunque muy simplificado. Manejaremos a nuestros personajes como unidades, y tendremos que obrar de forma similar a la fase anterior pero con algo más de profundidad, pues tendremos que construir herramientas para cazar y defendernos, o instrumentos musicales para socializar con nuestros vecinos en otro divertido mini-juego. También recolectaremos comida para alimentar periódicamente a nuestro pueblo e incluso domesticaremos criaturas salvajes para tal propósito.

Ya no podremos personalizar las características físicas de las criaturas como en anteriores fases, pero igualmente podremos hacerles añadidos en forma de máscaras tribales, armaduras y adornos que también les otorgarán características especiales. Estos los iremos obteniendo a medida que unamos a nuestra tribu alguna de las colindantes o acabemos con ellas, siendo el objetivo de esta fase dominar a todas las especies que habitan el continente en el que nos encontramos.

Ciertamente hasta este momento se nos lleva de la mano a la hora de realizar todas las acciones, por lo que la libertad de acción es ciertamente ilusoria, llevándonos de la mano con tutoriales y consejos, que ni mucho menos molestan pero limitan hasta cierto punto nuestro libre albedrío. No será hasta el siguiente avance evolutivo cuando podamos apreciar las verdaderas capacidades de personalización y profundidad jugable que nos brinda Spore.

La fase de civilización:

Llegados a este punto, nuestro pueblo es capaz de construir edificios y fortificaciones, e incluso vehículos. Si resultaba interesante el poder modificar a nuestra raza con diferentes parámetros, ahora la personalización se desmadra hasta límites insospechados, pudiendo crear casi desde cero los edificios que levantemos y dotarlos de la apariencia que queramos. Igualmente podremos diseñar, a nuestro antojo, vehículos que vayan por tierra, mar y aire, siendo éste uno de los objetivos de la fase de civilización. También podremos incorporar a los ciudadanos nuevas indumentarias más “modernas”. ¡Si hasta podremos diseñar nuestro propio himno!

De nuevo nos enfrentaremos a especies rivales que pugnan por el dominio del planeta, pudiendo interactuar pacifica u hostilmente como ha ocurrido hasta ahora. La materia prima base que nos disputaremos con el resto de especies la conformarán una serie de vetas por las que sale algún tipo de combustible con el haremos progresar a nuestra gente hasta alcanzar las estrellas, literalmente.

Si optamos por el camino diplomático, tendremos que hacer acopio de nuestro ingenio para convertir a los profanos hacia nuestra religión, que publicitaremos con la ayuda de nuestros vehículos y el uso de la tecnología, pudiendo, sin ir más lejos, realizar proyecciones holográficas gigantes de nuestro líder para que lo idolatren como a un dios. ¡Como la vida misma! Si por el contrario nos decantamos por la vía hostil dispondremos de todo un arsenal con el que “convencer” a nuestros rivales a tiro limpio.

Por supuesto tendremos que cuidar a nuestra propia civilización además de conquistar a las demás. Para ello tendremos que vigilar ciertos parámetros relacionados con la felicidad de los habitantes, creando edificios orientados al ocio o zonas verdes. Como podemos ver, se ha potenciado el aspecto religioso en esta fase.

Una vez que hayamos construido un vehículo de tierra, un barco y un avión podremos por fin experimentar el último escalón en la progresión de este Spore, que sin duda resulta ser el más amplio e interesante: La conquista del espacio.

La fase espacial:

Ahora un enorme universo se nos presenta para hacer en él lo que queramos. Como se ha dicho anteriormente, el objetivo final del juego (si es que se puede considerar un final, que de hecho no lo es) es alcanzar el centro del universo abriéndonos camino a través de los planetas y sistemas enemigos utilizando los métodos que nos convengan. Para aumentar nuestros dominios podremos viajar a otros mundos con los que entablar amistad o rivalidad con otras civilizaciones evolucionadas. Como nota curiosa, comprobaremos como se cierra el círculo, ya que si bien en las primeras fases del juego veíamos como naves extraterrestres abducían a nuestras criaturas en sus fases iniciales de desarrollo, ahora somos nosotros los que podemos atrapar a otras especies para experimentar y ponerlas a nuestras órdenes.

De nuevo los potentes editores de contenido entran en acción hasta su punto álgido: el de terraformar un planeta y adecuarlo a nuestras necesidades modificando su orografía. Sin duda el colofón a esta frenética carrera en pos de la personalización.

La expansión galáctica cuenta con sus propios sistemas de gestión. Así, dispondremos de un simple sistema económico con el que negociar territorios. Seguiremos teniendo que entablar relaciones amistosas con otras civilizaciones, así como atacarlas con nuestra flota espacial si hemos elegido la vía hostil. Todas estas actividades las realizaremos sobre una representación plana del universo en la que veremos claramente nuestros dominios y los del enemigo. Dado que el juego puede continuar aunque se llegue al supuesto final del mismo, tenemos todo el tiempo y libertad del mundo para aprovechar esta fase realizando todos los experimentos que se nos ocurran, aunque como bien se ha remarcado al principio, dichas posibilidades no son tan extensas como cabría esperar.

Aleatorio, personalizado y en comunidad:

Una de las cosas maravillosas de Spore es que todo el proceso por el que guiamos a nuestra criatura es único, siendo cada partida diferente gracias a la capacidad de generación aleatoria de contenidos que posee el juego. No existirán dos planetas iguales, y casi podremos afirmar lo mismo de cara al abanico de seres con los que nos encontraremos. Maxis ha realizado un enorme esfuerzo para anexar al juego una enorme comunidad online para que podamos interactuar con jugadores de todo el mundo aunque sea de forma indirecta.

Así, esas civilizaciones exóticas que vayamos encontrando no son más que el fruto de la imaginación de alguien que esté jugando también y que jamás sabrá que estamos interactuando con su propia creación. Una maravilla que no es más que la punta del iceberg, pues podremos compartir cualquier criatura, vehículo o edificio que hayamos creado con la enorme comunidad que se está formando. Y no os preocupéis por esas creaciones obscenas que rondan la red desde que salió a la calle el editor de personajes hace unos meses, dispondremos de un sistema de veto con el que evitaremos la intrusión de cualquier tipo de criatura que no nos guste.

Un difícil veredicto:

Puntuar numéricamente a Spore es realmente complicado, pues se puede realizar un enfoque desde un sinfín de puntos de vista. Desde luego, estamos ante un producto novedoso que, al igual que hicieron las anteriores obras de Wright, revolucionará el mercado. Quizás no tanto como Los Sims, pero desde luego dejará constancia a partir de ahora en la forma de hacer videojuegos en los que a interacción con el propio contenido del juego se refiere.

El único problema achacable que no lo convierte en el juego perfecto que estaba destinado ser Spore, es que tal abanico de posibilidades, herramientas y editores debería estar al servicio de nuestra experimentación, cosa que aunque sea cierta, no lo es hasta el grado que debería. Las razas enemigas se comportan de una forma bastante predecible y siguiendo patrones monótonos, incluso en el nivel difícil de juego. Muchas de las opciones que tendremos a nuestra disposición serán poco más que anecdóticas, pues su uso se verá limitado a un par de momentos a lo largo de todo el juego. Sin duda, esto será beneficioso de cara a aumentar el rango de jugadores que se hagan con el juego, al no ser un título nada exigente en la pericia y habilidad requerida para disfrutarlo, pero que podría defraudar a los más exigentes si buscan en Spore las cualidades de un Civilization, por nombrar alguno.

Además de todo esto, hay que mencionar el horrible sistema anticopia que limita el número de instalaciones permitidas en nuestros equipos, así como la imposibilidad de crear varias cuentas de usuario con un solo juego. Un verdadero lastre que echa por tierra gran parte del atractivo de Spore, pero que no tiene nada que ver con la calidad del producto, por lo que independientemente de la nota que merece el juego, el suspenso va para EA.

Will Wright ha revolucionado la industria de nuevo, aunque de momento no se haya alcanzado el éxito mediático de su anterior obra… tiempo al tiempo. Una bien cimentada comunidad online y unas capacidades de personalización enormes auguran un largo periodo de salud para Spore, título que sin duda, debe ser disfrutado por todos los jugadores que busquen nuevas y revolucionarias experiencias. Y más cuando están más que demostradas sus cualidades.

Nota: 8.75

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3 comentarios

  1. Muy buen análisis del juego que me ha ahorrado los ¿60? euros que cuesta. La idea está muy bien, pero efectivamente, por lo que cuentas, no ha llegado a ser lo que debería. Entiendo que quieran hacerlo simple para que llegue a más personas pero pienso que para ello podrían haber implementado mejor los niveles de dificultad o algo así, ya que por lo que dices, el ponerlo en nivel fácil o difícil queda casi en una anécdota, ¿no? Y eso de que hasta la fase de civilización sea casi todo como un tutorial…
    En fin, que muy original y muy todo lo que quieras, pero han pecado, creo yo, de avaricia. Seguro que al simplificarlo para hacerlo tan accesible no han pensado en “así podrá jugar más gente :D” sino en “así lo comprarán más y nos forraremos mucho más :D”

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