Mascotas de videojuegos en los 90 (I)

Vamos a situarnos. Finales del 92, la Expo, los Manolos, las olimpiadas… y la Megadrive y Super Nintendo bien entradas en el mercado. La primera, con casi cuatro años desde el lanzamiento, tuvo su mayor baza en la creación de la conocida mascota mediática Sonic, y tras el bombazo que supuso el primer título del erizo, acabó apareciendo en noviembre de este año su segunda parte. El cerebro de la bestia apareció un tiempo después, siendo en Norteamérica y Europa prácticamente la novedad por aquellos tiempos. Su salida vino acompañada del lanzamiento del antológico Super Mario World, y las ventas, al igual que en la de Sega, estuvieron bien relacionadas con el carisma de las mascotas que cada una había acuñado.

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El mercado estudia y se realimenta del propio mercado para sacar beneficios fáciles. Estaba bien claro que de cara a los jóvenes jugadores, era más que atrayente y beneficioso la presencia de una figura con gancho que ejerciera de protagonista de un videojuego, o al menos en un principio. Por eso, aquellos años que iniciaron la década pasada serán recordados siempre como el boom de las mascotas supuestamente carismáticas que servían de protagonistas de juegos de plataformas y copias de los títulos antes mencionados en un intento por repetir el éxito alcanzado por estos. Y madre mía lo que salió de ahí. Este es un repaso a algunos de los más horribles personajes que ha parido la industria por culpa de esta moda pasajera. Temblad, temblad malditos!

Bubsy the bobcat:

Venga, que empezamos fuerte. Recuerdo que en las previews de las revistas pusieron a este juego como el sucesor espiritual de los Sonic y la panacea a todos los males del mundo, y lo que acabamos encontrando fue un descarado clon de éste protagonizado por un gato con camiseta. Fue Desarrollado por Accolade para las dos consolas de 16 bits de moda, existiendo más tarde secuelas que se publicaron para Atari Jaguar, PC o incluso la primera PlayStation en un infructuoso intento por hacer llegar la saga a las tres dimensiones.

mascotas90_3“No bebería de la misma botella que alguien con esa cara”

Bueno, el argumento así a grandes (y únicos) rasgos es que unos extraterrestres con un semblante de clara inspiración escrotal quieren conquistar la tierra. El único ser capaz de detener la amenaza es el gato Bubsy, quien deberá recorrer quince niveles divididos en cinco mundos para expulsar a los invasores. Para ello, se valdrá de su habilidad para planear en vuelo al más puro estilo Knuckles y saltar sobre los enemigos para acabar con ellos. A lo largo del camino podrá recoger ovillos de lana y camisetas de repuesto para obtener puntos y vidas extra… Y tras este párrafo voy a por una cerveza al frigo, que me hace falta.

Como se puede observar, el planteamiento bien podría haber salido de un generador aleatorio de juegos de plataforas. Los gráficos coloridos de aspecto infantiloide son una constante en el género por aquellos tiempos, y aunque en un principio pudiera tener buena pinta, el juego en sí es un suplicio. Bubsy se moría a la primera de cambio. Sonic tenía los anillos, y Mario las setas, pero el gato este es rozar un malo, unos pinchos o cualquier chorrada y a tomar por saco. El control es bastante chungo, y a la larga el juego es aburrido de narices, nada más que mapas y más mapas llenos de marcianos y ovillos. Los niveles son las localizaciones de siempre: Zonas urbanas, bosques con setas gigantes, un mundo de hielo… Vamos, lo estándar y usual. En el escenario nos encontramos constantemente con artilugios conocidos como muelles, rampas por las que deslizarse o incrementadores de velocidad, y los enemigos de fin de fase son los primos de Raticulín del doctor Robotnik. ¿Alguien da más? Sí, su segunda parte, donde recorreremos lugares tan originales como una pirámide, un entorno futurista y como no, un nivel en el que rompiendo la monotonía de los niveles pilotaremos un avión en una fase shoot’em up. Y sí, el avión tiene dos alas y es rojo. It can’t be!

Aero the acrobat:

Se ve que poner un nombre y su coletilla era lo más in. Bubsy the bobcat, Aero the acrobat, Juanito el golosina… El murciélago acróbata fue creado por Sunsoft, llegando a ser incluso la mascota oficial de la compañía por aquel entonces. Aero se ve que trabaja en un circo como trapecista y tal. No cabe duda de que si me ponen a un tío disfrazado de murciélago como reclamo para ir al “Circo Maravillas”, no me lo pienso dos veces. El caso es que un malvado payaso decide boicotear la función raptando a todos los amigos de Aero y hasta a su novia, por lo que nuestro objetivo en el juego será recorrer 20 niveles “plagados de acción y pura adrenalina” (Como diría una review de Hobby Consolas) dando saltos y matando monigajos. Tópicos aparte, que son muchos y los de siempre en el género,  la verdad es que el título resultaba bastante divertido, pues cada fase tenía unos requisitos diferentes para poder pasarse en plan pulsar una serie de palanca”, coger tal objeto que hay en la quinta puñeta, o movidas así.

mascotas90_4“El origen de la plaga de 28 días después”

Eso sí, el diseño de Aero pues qué queréis que os diga, un murciélago colorao con tupé que también planea como Knuckles y tiene unos incómodos ademanes a lo Conde Drácula tampoco es el santo de mi devoción, no sé si para chavalines a los que supongo será el target al que iba dirigido les gustará… pero al menos yo por aquella época estaba hasta las pelotas de animalitos clónicos parlanchines que saltan y corretean. Y hablando de similitudes, fijaos en la zona de la boca y la nariz de Aero, ¿os suena? Pues eso.

Y para colmo de males, de esta saga llegó a salir un spin-off con uno de los compañeros del murciélago, nada menos que una ardilla karateka llamada Zero the Kamikaze. Creo que voy a por unos panchitos a la despensa para acompañar…

Zool:

El tema de las mascotas no fue limitado tan solo a las consolas de 16 bits. Gremlin Interactive (Que el Word me corrige como Kremlin) intentó repetir la jugada de Sega y Nintendo en el Amiga con este Zool, que incluso llegó a venir de serie en algunos países con el modelo 1200, para más tarde acabar portado en consolas. En este caso tenemos un extraterrestre con aptitudes de ninja, y que dado su aspecto debe ser el primo poligonero del alien Marvin de los Looney Tunes.

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“El nuevo disco de Mike Oldfield”

Argumentalmente es tan simple como que el marciano en cuestión debe pasar una serie de fases que sirven como entrenamiento a su preparación, igual que limpiar coches o pintarle la valla al señor Miyagi, así que llega a la tierra con la mala fortuna de pegarse una trasta al aterrizar. Pero por lo que todos recordamos este juego es por el impresionante product placement de la marca Chupa Chups que ni la Juani cogiendo cartones de Puleva en Médico de Familia. Sin ir más lejos, el primer mundo del juego es la ciudad de las chucherías o algo así, y la marca sale por todas partes. Y es que durante esos años, la proliferación de mascotillas vino acompañada de los primeros encontronazos entre los videojuegos y la publicidad, asunto que apunto en la libretilla para tratar en un próximo artículo.

El juego en sí varía en el planteamiento en que en vez de tener que saltar sobre los enemigos, tenemos un arma con la que dispararles. Aparte de eso, lo de siempre, plataformas, ítems para puntuar y una dificultad de cagarse. Salió una segunda parte que iba más o menos de lo mismo, con la única novedad de poder elegir a la versión femenina del protagonista, Zooz, que bien mirado también podría haberse llamado “La Zoole”. Igual que el resto de los de su generación, cayó en el olvido con los años junto al declive del género.

James Pond:

O en castellano, Jaime el de la charca. Una saga de videojuegos de la compañía Millenium Interactive para Electronic Arts protagonizada por un salmonete agente secreto en donde tenemos un caso extremo de adaptación a las tendencias de mercado, una oda al metamorfismo jugable en pos de reinventar el producto y una mascota con menos aceptación que Jiménez Losantos buscando contactos en Facebook. Enumeremos:

James Pond: Underwater Agent. El primer juego tiene como misión salvar del cautiverio a un montón de criaturas marinas a lo largo de un chorro de escenarios. Todos los niveles se desarrollan bajo el agua, y nuestra única arma es hacer pompas en las que encerrar a nuestros enemigos en plan Bubble Bobble. Vamos a intentar obviar el hecho de que controlamos a un pez naranja con pajarita, pues aunque el protagonista resultaba repulsivo al menos la mecánica se alejaba un poco de la moda establecida, pero es eran principios de los 90 y todavía no se había extendido el asunto. Dos años después, se mascó la tragedia.

James Pond 2: Robocod. Festival del humor por parte de los desarrolladores, que no resistieron la tentación de hacer juego de palabras con otra película de éxito, así que dijeron “fuera la pajarita y le plantamos el torso del agente Murphy”, por lo que ahora tenemos a un salmonete agente secreto reconstruido con partes cibernéticas para ser el policía del futuro… y la cerveza se me ha acabado. Como era demasiado revolucionario el hecho de que los niveles fueran submarinos y que no tuviéramos armas en la primera parte, decidieron volver a la clásica mecánica de saltar sobre los enemigos, con las habilidades añadidas de poder estirar el torso y volar en determinados momentos con un Jetpack. Esta vez, nuestro cometido consistía en salvar una colonia de pingüinos capturados y devolver juguetes robados por el malo de turno. Robar animales y juguetes, ¡si es que no se puede ser más malvado! Y con todo esto… ¿se puede empeorar todavía más la cosa? Espérate.

pond_2“Si hay cuarta, Pond tendrá que destruír el anillo único”

James Pond 3: Operation Starfish / Splash Gordon. En los 90 habían unas cuantas cosas que estaban de moda y siempre funcionaban en cualquier formato: las artes marciales, los tipos duros que pegan muchos tiros y la ciencia ficción. Ya habían probado las dos primeras opciones, así que faltaba vestir al salmonete como Roger Wilco y darle una pistola de protones, pero esta vez no estará solo, pues contará con la ayuda de su sidecick, una rana antropomórfica llamada Finnius the frog. Quizás con una trilogía como esta hubiera podido Millenium Interactive dejar descansar de una vez al camaleónico pececillo, pero he querido dejar para el final su obra culmen, un total homenaje a los juegos deportivos y al noveno arte en general.

The Aquatic Games: starring James Pond. En un intento por extender el “éxito” del personaje hacia nuevas fórmulas de éxito como bien hacían Sega y Nintendo con sus respectivas, nació este juego deportivo machacabotones en plan track&field. En él, Pond y sus amigos compiten en un variado grupo de pruebas que van desde las clásicas carreras con o sin obstáculos hasta tirar caramelos a los peces o hacer que una foca haga equilibrios con un balón de playa. El plantel de atletas es digno de mención, pues aparte de Pond o la rana Finnius, podremos ver a otros entrañables personajes como Nino el pingüino o el tiburón Camarón. Y juro por la mama que no me estoy inventando los nombres.

Hasta aquí la primera tirada de personajes, en el próximo apartado echaremos un vistazo esta vez a las mascotas con más gancho y carisma en contraposición a lo aquí expuesto. Fans ofendidos, los comments son vuestros!

Continuará…

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10 comentarios

  1. Gracias Jimmy por la apreciación y el listado que has puesto. La verdad es que en él faltan algunos personajes de los que tengo en mente, tal vez fruto de que no son realmente “mascotas” de una compañía en concreto. Con ese adjetivo quiero englobar además a todos esos animalitos y bichejos parlanchines que proliferaron tanto en aquella época, enmarcados más en el hecho de intentar resultar ser atractivos de cara a repetir el éxito en ventas de Sonic y Mario. Y la verdad, como quiera comentarlos todos esto va a dar para muchos, muchos posts, así que buscaré los más significativos.

  2. ¡Ya estoy esperando ver la segunda parte!

    Creo que llegué a tener en mis manos el cartucho original de Zero, The Kamikaze Squirrel hace no muchos años… era escoger ese o Cybernator. Espero que el juez entienda que me fuera a por el juego de mechas, que por cierto, me tuvo bastante entretenido en su momento.

  3. Eh, no te metas con el primer James Pond, que la penúltima pantalla es dura de narices. Muy buen reportaje, con un estilo irónico demasiado normal y muy callejero pero se agradece el guiño. Y pobre de tí como hables mal del Ristar … juego que no obtuvo las expectativas que se marcaron.

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