La saga Shinobi

Los años 80 vieron cómo resurgía la moda de los ninjas. De pronto todo el mundo tenía un colega flipao entrenando en el gimnasio del barrio y comprando “estrellitas” en tiendas de importación. American Ninja, La saga de películas Ninja a secas u obvios derivados como Las Tortugas Ninja o Karate Kid reavivaron el interés por la cultura oriental y el misticismo de las artes marciales. Los videojuegos siempre fueron un poco a su aire, pues los estudios japoneses eran todavía los que partían el bacalao a la hora de desarrollar, y aunque esta ambientación les toca de cerca, fue la exportación de determinados títulos en el momento adecuado lo que llevó a algunas obras de aquella época al éxito rotundo. Vamos a centrarnos lo más sonado por nuestras tierras: Los Shinobi de SEGA.

El primer Shinobi nació en 1987 para máquinas arcade. Bueno, si me apuran, realmente lo haría allá por el año 500 ac durante el periodo Yayoi, pero ese es otro tema. El juego Corría bajo la placa System 16, un referente de la época que sirvió de base para el lanzamiento de otros títulos clave de la compañía como Altered Beast o Golden Axe. Sobra ahondar en la mecánica del juego: Un arcade de scroll lateral en el que controlamos a un ninja mientras acabamos con los enemigos y rescatamos a rehenes esparcidos por cada nivel hasta que nos enfrentamos al correspondiente boss al final de este. El personaje que encarnamos se llama Joe Musashi, un shinobi que decide acabar con la banda criminal Zeed, quienes han capturado a un grupo de niños como rehenes que debemos rescatar a lo largo de los cinco niveles de los que consta el juego.

El uso de varias alturas por las que movernos y la forma de abarcar los escenarios estaba descaradamente basada en la moda que implantó Namco con su Rolling Thunder, lanzado poco tiempo antes, pero el ya mencionado boom de la “ninja manía” hizo que despuntara sobre otros lanzamientos coetáneos, provocando el lanzamiento de sucesivas secuelas para las diferentes plataformas. Sin ir más lejos, Shinobi tuvo conversiones para los ordenadores de 8 bits de la época, PC Engine, NES o Master System, siendo esta última la más agraciada de todas ellas, lo que resulta una novedad dado el circo de los horrores que supuso el paso de títulos de Megadrive a su hermana pequeña en años posteriores.

Y es en Megadrive donde apareció la secuela directa un año después. En The Revenge of Shinobi (Conocido en Japón como Super Shinobi), la banda del primer juego se renueva por dentro y por fuera como un yogurt, llamándose añora Neo Zeed, asesinando al maestro de Musashi y raptando a su novia. Todo supura jugosita serie B. Aparte de unos gráficos más elaborados y un control más agradecido con diferentes armas y ninpos (la “magia” de toda la vida), está el hecho de que la banda sonora la compuso el mismísimo Yuzo Koshiro, padre de las tonadillas para videojuegos más espectaculares de aquellos años. Yo no me pongo a Barry White para desfogar, sino la intro del Streets of Rage.

Un dato curiosón. En el primer juego se podían ver a ciertos enemigos que tenían un considerable parecido con Spiderman y El Capitán América. Incluso el supuesto arácnido se movía por las paredes, así, de golpe y sin anestesia. Sea guiño o plagio, el caso es que en la secuela se desmadró el asunto hasta el punto de que aparece de nuevo Spiderman, pero esta vez bajo la aprobación de Marvel Cómics como muestran los créditos iniciales, ya que SEGA por aquel entonces tenía los derechos de explotación del personaje para su consola. Pero la cosa no acabó ahí, y aunque dependiendo de si el juego era la versión europea, americana o japonesa, se podían ver cameos de Batman, Godzilla o un híbrido entre Terminator y Hulk. Aquí paz y después gloria, aunque en sucesivas reediciones tuvieran que ir revirtiendo aquello a base de demandas.

A finales de 1989 apareció el segundo juego de la saga para recreativas, Shadow Dancer. Ambientado en el año 1997, una nueva organización terrorista ha puesto una serie de bombas esparcidas por Nueva York, y nuestra misión es desactivarlas antes de que se produzca la catástrofe. Los japoneses ya tenían constancia de la ninja explotaition yankee, así que nada mejor que ambientar el juego en sus tierras. Aunque la estética del juego se acercaba más a Revenge, su jugabilidad todavía estaba anclada en el primero de la saga.

La novedad principal era que nos acompañaba un perro al que podíamos dar órdenes para que se abalanzara sobre los enemigos. También se volvió a recuperar el sistema de muerte del primer juego, en donde cada golpe que nos dieran nos hacía perder una vida. En las versiones de consola se suavizó este método por razones evidentes otorgándonos una barra de vida que perdíamos progresivamente. Lo que no queda muy claro es si el protagonista es el propio Musashi o su hijo, que dependerá de si leemos el manual de instrucciones de la edición japonesa o americana. La conversión para Megadrive contenía un nivel más y bastantes cambios en los escenarios y enemigos, pero no alcanzó el mismo nivel de excelencia.

Ahora nos topamos con un fenómeno interesante, que podríamos bautizar como la explotación del explotador. Hemos comentado que el éxito de la franquicia estaba avalado por el uso y abuso de los clichés del género en aquellos años. Pues dicha explotación se hizo extensible al mercado de los videojuegos y provocó la salida de productos sucedáneos de dudosa calidad que aprovechaban el filón.

Bajo la premisa mencionada nacieron rarezas como Alex Kidd in Shinobi World o Cyber Shinobi, ambos para Master System. El primero era una parodia de las aventuras de Musashi utilizando al cabezón personajillo como protagonista. Dato moviola: cabe destacar que durante el desarrollo se barajó la posibilidad de que el enemigo final del primer nivel fuera una parodia del que aparecía en el primer juego, Ken-Oh, pero cambiando al fornido guerrero por la mismísima mascota de la competencia. ¿Saben cómo se llamaba dicho bos? Mari-Oh. Una salida de batería, por favor. Por otra parte, Cyber Shinobi es un mal sueño a olvidar que servía de secuela futurista del primer juego, y del que poco hay que mencionar además del hecho de que fue una mala idea que el que suscribe lo pusiera en la carta de los reyes magos en algún momento de su infancia.

Pero no todo fueron malas noticias en años posteriores. Game Gear, la portátil de Sega, recibió dos juegos exclusivos de la saga que son considerados como lo dos de los mejores títulos de la consola. En los llamados GG Shinobi, tanto la estética como el control bebían del The Revenge of Shinobi, pero con una importante novedad: A medida que avanzábamos por los niveles, íbamos rescatando a otros ninjas compañeros del protagonista (Musashi es el héroe de nuevo), que podíamos seleccionar cuando quisiéramos para jugar con ellos. Cada uno tenía un arma y poder especial diferente identificado por un color distinto en su ropa. El diseño de niveles era bastante bueno y la música estaba compuesta también por Yuzo Koshiro. ¡Lo que se podía hacer con una resolución de 160×146!

La cúspide de la saga para muchos llegó en 1993 con Shinobi III: Return of the Ninja Master para Mega Drive. Por enésima vez, el clan Neo Zeed vuelve a resurgir, y Musashi tiene que impedirlo. Ocurrió algo curioso con este juego. En un principio iba a ser lanzado en 1992. Algunas revistas realizaron incluso previews de versiones preliminares mostrando capturas de los escenarios y personajes. La mecánica volvía a ser un calco de los anteriores, cosa que no convenció a Sega, que buscaba algo más acorde a los tiempos que corrían, de modo que rehicieron el juego desde cero cambiando todos los escenarios y el sistema de juego. Lo que apareció en el mercado en 1993 poco tenía que ver con lo que se había visto antes. El juego había visto reducida su dificultad, pero potenciando la velocidad de movimientos, dando más protagonismo a los propios reflejos del jugador. La jugada salió bien, y de nuevo, Shinobi fue un éxito de ventas y referente de la consola. De hecho, el último gran éxito de la saga.

El último juego de la “vieja era” apareció para Sega Saturn en 1995. Shinobi Legions era un calco jugable en los visto en la tercera parte, con el añadido de sprites realizados con motion capture y escenas cinemáticas grabadas con actores reales entre niveles. No acabó de cuajar el asunto dado que era inconcebible que técnicamente hubieran lanzado un juego que seguía anclado en la generación pasada. Y los vídeos con actores eran de risa.

Tras eso, pasaron varios años en los que Sega se olvidó del personaje que le había dado de comer durante mucho tiempo hasta que fue recuperado en 2002 con Shinobi y su secuela NightShade, de jugabilidad en 3D y poco que ver con lo anterior, pero eso ya es llover sobre mojado y bastante tortuoso ha sido el camino hasta aquí.

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